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En 1776, al producirse la revolución de las colonias de América del Norte, se hizo indispensable para el comercio inglés la apertura de los puertos de la América española.

El precursor de la emancipación de las colonias españolas es el general venezolano Francisco Miranda, quien desde el año 1790 trabajaba en Europa para conseguir apoyo. Al estallar la guerra en el año 1803, Gran Bretaña tomo en consideración el proyecto, y en 1804 estaba ya convenido que el primer Lord del Almirantazgo, Sir Home Pophan, acompañaría a Miranda en sus planes sobre América.

En enero de 1806, la escuadra al mando de Pophan tomaba posesión del Cabo e inmediatamente aquél disponía la invasión. El 25 de junio los ingleses, en número de 1.641 hombres, desembarcaban en Buenos Aires y tomaban posesión del Fuerte, prometiendo al pueblo bonaerense la libertad de sus derechos. El criollo Juan Martín de Pueyrredón levantó al paisanaje, que, aunque fue dispersado, demostró con su actitud que no soportaría al invasor. Santiago Liniers, con 1.000 hombres, desembarcó en San Fernando, uniéndose el contingente de los paisanos de Pueyrredón. El 12 de agosto atacó la ciudad y obtuvo un triunfo completo. El ejército inglés se rindió.

El pueblo ofreció espontáneamente su concurso al cabildo, formándose así, al calor de un sentimiento nuevo, la milicia ciudadana, primer plantel del ejército criollo. Se ordenó el alistamiento de todos los vecinos de dieciséis a cincuenta años en el término de cuatro días, y así se constituyeron cinco batallones de criollos. Los españoles también formaron cuerpos de andaluces, catalanes y gallegos, sumando las fuerzas para la defensa unos 8.000 hombres.

El 28 de junio de 1807 el General Whitelocke, al frente de 11.000 hombres, desembarcó a doce leguas de la ciudad, y Liniers cometió el error de presentarle combate en campo abierto, siendo completamente derrotado. Al conocerse ese resultado, el alcalde Martín de Alzaga fortificó la ciudad. El 5 de julio atacaron los ingleses, pero fueron completamente vencidos y obligados a capitular gracias al concurso que en esta ocasión prestó todo el vecindario.

LA INVASION NAPOLEONICA EN ESPAÑA Y LOS SUCESOS DE LA HISTORIA INTERNA DEL PLATA

Después de las invasiones inglesas todo se acelera. El pueblo, hasta entonces vaga entidad, hace actos de soberanía el 14 de Agosto de 1806 y el 10 de Febrero de 1807, como la designación del jefe militar en la persona del héroe de la reconquista, el criollo Liniers, que era la personificación de su gloria, mientras cierta fracción del partido español reconocía por cabeza a Martín de Alzaga.

En tanto, el pueblo español se había levantado contra la invasión francesa, y en todas partes se formaron ejércitos y se constituyeron juntas de gobierno. En julio de 1808, la Audiencia de Buenos Aires conoció las cédulas de exaltación al trono de Fernando VII y poco después se recibió el pliego en que se anunciaba que Carlos IV había declarado nula su abdicación. Liniers dirigió una proclama al pueblo dando cuenta de los sucesos e invitando al acto de proclamación y jura de Fernando VII. Más la Junta Central que gobernaba en nombre del rey cautivo dictó el 22 de enero de 1809 la famosa real orden en que se afirmaba que las colonias eran parte integrante de la nación y la igualdad entre todas las provincias de la monarquía, y por otro decreto se convocó a Cortes generales con representación supletorio de América, que fueron postergadas para el 11 de marzo de 1810. En esa forma, la metrópoli buscaba el medio de tener atado a su destino la suerte de las colonias.

El 25 de mayo y el 16 de julio de 1809 hubo dos importantes movimientos revolucionarios: uno tuvo por escenario Chuquisaca y el otro estalló en La Paz. El virrey Cisneros, nombrado por la Junta Central en substitución de Liniers, se mostró hábil gobernante. Disolvió la Junta de Montevideo, dejó a los patricios en sus puestos, dictó el decreto sobre comercio y estableció la instrucción primaria obligatoria. Sin embargo, la revolución estaba en el ambiente y los ánimos preparados para servirla.

Cuando se conoció la noticia de la caída de la última junta gobernante en España, Cisneros se hizo cargo de la gravedad de la situación. En tan solemnes momentos, los patriotas procedieron con celeridad y firmeza. Saavedra y Belgrano solicitaron al alcalde Juan José Lezica, que era criollo, la reunión de un cabildo abierto, éste transmitió la petición al virrey, y alarmado Cisneros convocó una reunión de jefes en la fortaleza, con el objeto de pedirles su adhesión; pero Saavedra manifestó que no debía contar con él ni con los patriotas, pues el gobierno que había dado autoridad al virrey ya no existía. El 20 de mayo se celebró una reunión de patriotas y se comisionó a Castelli y a Martín Rodríguez para que exigiesen al virrey la reunión de un cabildo abierto. Cisneros concedió el permiso, celebrándose el día 22 dicho cabildo que votó por la cesación del virrey.

EL 25 DE MAYO DE 1810 (Haga click para ver la versión expandida de este tema)

Al conocerse el 24 de Mayo la constitución de la junta, el pueblo expresó su descontento. Los patriotas se reunieron en casa de Rodríguez Peña con el ánimo resuelto de levantarse en armas. Por la noche, Saavedra y Castelli se presentaron a Cisneros, quien firmó la renuncia y lo mismo hicieron los demás miembros de la junta.

Al día siguiente, en la fecha simbólica del 25 de Mayo, el cabildo reunido aceptó las renuncias. Una delegación presentó una petición escrita, en la que se expresaba que la voluntad popular quería el triunfo de la lista compuesta por Cornelio Saavedra, Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Domingo Azcuénaga, Juan José Alberti, Domingo Matheu, Juan Larrea, Juan José Paso y Mariano Moreno. La lista estaba firmada por un número considerable de vecinos, además de religiosos, comandantes y oficiales de los cuerpos. Esta fue la primera Junta de Gobierno argentina.

GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

Sin perder un momento, la Junta Gubernativa dispuso la salida de una expedición de 1.150 soldados, al mando del Comandante de Arríbeños, Francisco Antonio Ortiz de Ocampo, con destino a las provincias del interior. Era gobernador de la Intendencia de Córdoba el Coronel Juan Gutiérrez de la Concha, que conjuntamente con Santiago Allende y el General Liniers se aprestaron a resistir la expedición libertadora que debía salir de Buenos Aires. El obispo de aquella diócesis apoyó el plan contiarrevolucionario. El deán Gregario Funes se opuso resueltamente a prestarle su apoyo.

Cuando se tuvo noticia en Córdoba de la inminente llegada de la expedición libertadora de Ocampo, los realistas se disolvieron, dirigiéndose muchos de ellos hacia el Norte con miras de reunirse a las fuerzas españolas del Alto Perú. Pero el mayor general Balcarce alcanzó a los prófugos, haciendo prisioneros a Liniers, Gutiérrez de la Concha, el obispo Orellana, el coronel Allende, el tesorero Rodríguez y el contador Moreno.

El 13 de julio la Junta comunicó a la comisión del ejército que debía desbaratar la conspiración de Córdoba, haciendo prisioneros a sus promotores. Pero el 19 del mismo mes la Junta alude ya al "ejemplar castigo" a que serían sometidos los revolucionarios de Córdoba. El decreto sobre fusilamientos es del 28 de julio.

El 26 de agosto, en el lugar denominado Cabeza de Tigre, fueron ejecutados Liniers y sus compañeros, con excepción del obispo Orellana, en consideración a su investidura.

Suipacha (Haga click para ver la versión expandida de este tema)

Luego de la ejecución de Cabeza del Tigre, la expedición libertadora siguió hacia el Norte y poco tiempo después quedó bajo el mando de Balcarce y de Castelli, este último como representante de la Junta.

En Cotagaita se produjo el primer choque de las fuerzas realistas y las patriotas, el 27 de Octubre. Balcarce fue rechazado en este encuentro, pero pudo rehacerse, y con nuevos refuerzos recibidos de Jujuy, esperó en Suipacha al ejército español, que estaba al mando de los generales Córdova y Nieto. Los patriotas derrotaron completamente al ejército español el 7 de Noviembre de 1810. Los generales Córdova y Nieto y el Intendente Francisco de Paula Sanz fueron fusilados por orden de Castelli, de acuerdo con las instrucciones de la Junta de Buenos Aires.

El triunfo de Suipacha daba a los patriotas la posesión del Alto Perú. El ejército de Castelli avanzó hasta el río Desaguadero, que era el límite divisorio de los virreinatos del Río de la Plata y del Perú. En la orilla opuesta acampó el ejército de Goyeneche. El 13 de mayo se convino entre Castelli y Goyeneche un armisticio, que Goyeneche violó, sorprendiendo en Huaquí al ejército patriota el 20 de junio de 1811, dispersándolo completamente.

El desastre de Huaquí significó la pérdida del Alto Perú y fue el punto de partida de una seria conmoción en el gobierno revolucionario de Buenos Aires: la Junta Gubernativa pasó a formar la Junta Conservadora, constituyéndose entonces el primer triunvirato como poder ejecutivo.

INSURRECCION DEL PARAGUAY

El pensamiento de independencia del Paraguay tenía raíces históricas en la tradición. En la primera mitad del siglo XVIII había sido teatro de la famosa revolución de los "comuneros", encabezada por Antequera y Mompó, uno de los movimientos precursores de la emancipación de la América española.

El 19 de Junio de 1811 se constituyó en el Paraguay una junta de Gobierno propio, en la que predominó el pensamiento de uno de sus miembros, el doctor Francia, de constituir a su país en república independiente.

LOS CIUDADANOS DE URUGUAY

Desde fines de 1809 un núcleo de patriotas uruguayos venía trabajando por la independencia del Uruguay. Eran agentes de este plan, en Montevideo, Mateo Gallegos, y en Buenos Aires, Francisco Javier de Viana, indicándose ya entonces a don José Artigas para asumir la dirección del Movimiento.

En Febrero de 1811 Artigas fue a Buenos Aires, donde a estímulos del Gobierno influyó en los patriotas uruguayos, que al mando de Viera y Benavídez iniciaron la rebelión, en la costa del Arroyo Asencio, el 28 de Febrero de 1811. Días después los revolucionarios ocupaban los pueblos de Mercedes y Soriano. El 18 de Mayo del mismo año, al frente de mil hombres de infantería y caballería, José Artigas obtuvo el triunfo de "Las Piedras" contra el ejército realista, e inmediatamente puso sitio a Montevideo, agregándosele el ejército que había ido al Paraguay y que fue puesto al mando de José Rondeau. El 20 de Octubre se firmó un armisticio entre el Virrey Elío y la Junta de Buenos Aires.

MORENO Y SAAVEDRA

Entre los miembros de la Junta destacaron Saavedra y Moreno. Cornelio de Saavedra fue el hombre eficaz de la revolución; su intervención había sido decisiva en los días que precedieron al 25 de Mayo. Mariano Moreno poseía talento brillante y gran energía. Hombre de estudio, había conquistado un puesto principal en su generación. Entre uno y otro se planteó la disidencia, primero personal, después de principios. Moreno quería realizar una innovación rápida y enérgica: fiel expresión de su propio temperamento, quería realizar "la revolución". Saavedra aspiraba acaso a llegar al mismo término por procedimientos de fuerza, pero reconociendo la necesidad de evolución.

El 1º de noviembre, Moreno comenzaba a publicar en la Gaceta sus artículos "Sobre las miras del Congreso que acaba de convocarse y constitución del Estado".

LA PRIMERA REVOLUCION POLITICA INTERNA: EL 18 DE DICIEMBRE

Los diputados de las provincias, encabezados por el deán Gregorio Funes, diputado por Córdoba, y Felipe de Molina, por Mendoza, pidieron su incorporación "a la junta", se pusieron de acuerdo con el Presidente Saavedra, y éste apoyó la solicitud. Moreno se opuso resueltamente a ello. En esta circunstancia se planteó la disidencia fundamental.

El 18 de Diciembre se celebró una conferencia general a la que asistieron los diputados provinciales y los miembros de la junta Gubernativa. En ella, el deán Funes expuso las razones que le asistían para justificar la petición, afirmando "que los diputados se hallaban precisamente a reclamar el derecho que les competía para incorporarse a la Junta Provisional y tomar una parte activa en el mando de las provincias, hasta la celebración del congreso que estaba convocado; que este derecho, además, era incontestado en los pueblos, sus representados, pues la capital no tenía títulos legítimos para elegir por sí sola gobernantes". Según constancia del acta de la sesión, todos los vocales presentes impugnaron la argumentación de Funes, aduciendo las siguientes razones: lº, que en cuanto a la cuestión de derecho, ninguno la consideraba aceptable, pues el fin de la convocación de los diputados había sido el de celebrar un congreso nacional; 2º, que los diputados no debían incorporarse a la Junta, porque esta última era un cuerpo de creación provisional "y el fin de éste debía ser el principio del ejercicio de aquellos"; 3º, que la cláusula de la circular de 27 de mayo invocada por Funes había sido un rasgo de inexperiencia, que el tiempo "había acreditado después enteramente impracticable", y que, por otra parte, el título que traían los diputados decía explícitamente que se les destinaba "a formar un congreso nacional y establecer en él un gobierno sólido y permanente"; 4º, "que el reconocimiento de la junta hecho en cada pueblo subsanaba la falta de su concurso a la instalación".

Al procederse a la votación, todos estuvieron de acuerdo con el deán de Córdoba y sólo votaron en contra los secretarios Paso y Moreno.

La situación personal de Moreno era delicada; presentó, pues, la renuncia del cargo de secretario de la Junta. Se acababa de producir sin escóndalo una gran revolución: con este episodio del 18 de diciembre se inició la anarquía argentina.

LA REVOLUCION DEL 5 Y 6 DE ABRIL

Después de la renuncia de Moreno, quedaban en la Junta y fuera de ella numerosos partidarios de las ideas del patricio. La juventud entusiasta, dirigida por el fogoso French, era de tendencias morenistas y hacía propaganda política en la Gaceta, redactada por el doctor Agrelo. Todos estos elementos se condensaron en un club popular que se reunía en el café "de Marcos" y llevaba por divisa un lazo de cintas azules y blancas. Desaparecido su jefe, estos morenistas más se lanzaron a una lucha política de facción que a una continuación de los principios fundamentales sustentados por Moreno. Los saavedristas creyeron ver en este centro una amenaza, y con el objeto de disolverlo fraguaron una revolución, sin dar intervención y conocimiento a su jefe, Cornelio de Saavedra. Con este propósito, a las once de la noche del 5 de abril, se reunieron en los Corrales de Miserere personas del suburbio capitaneadas por el alcalde Tomás Grigera. Los revolucionarios se dirigieron a la plaza, donde los cuerpos de patricios, arribeños, pardos y morenos apoyaron el movimiento.

Al amanecer, un diputado presentó a la junta la solicitud en la que se pedía que los miembros de la misma Nicolás Rodríguez Peña, Hipólito, Vieytes, Miguel Azcuénaga y Juan Larrea fuesen separados de ella. "El pueblo quiere - decían los peticionarios - que en lo sucesivo no se practique elección de algún representante suyo, ni se ejecute variación substancial en la forma de su gobierno, sin que ocurra con su expreso voto". Pedían también que fueran expatriados varios miembros del club del café de Marcos y que el presidente de la Junta, Cornelio de Saavedra, retuviese el mando de las armas. La junta justificó este movimiento accediendo a la petición. El desastre de Huaquí, ocurrido el 20 de junio de 1811, produjo en la segunda Junta Gubernativa un cambio fundamental. El Presidente Saavedra partió para el Alto Perú a inspeccionar las tropas: la Junta de Buenos Aires envió a las provincias una circular participándoles el nombramiento de Saavedra en comisión, ante las juntas y cabildos del interior. A los ocho días del arribo de Saavedra a Salta, se le notificó su separación del gobierno y de la presidencia de la Junta. El 23 de septiembre de 1811 se creó el triunvirato, que constituía el poder ejecutivo. Estaba integrado por Feliciano Antonio de Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Paso. Los miembros de la Junta Grande, en su mayoría diputados de las provincias, pasa-ron ci formar la junta Conservadora, representando el poder legislativo, que dictó el "reglamento provisional".

Tal es la primera Constitución argentina pero no se aplicó, pues elevada a la aprobación del triunvirato, éste la pasó en consulta al cabildo. Este y el triunvirato rechazaron el "reglamento" propuesto por la Junta, y el 7 de noviembre la Junta Conservadora fue disuelta.

El triunvirato dictó el 22 de Noviembre el "estatuto provisional", que aseguraba la preeminencia casi despótico del gobierno y que en punto a la convocación de una asamblea, la organizaba arbitrariamente, debiéndose constituir con el cabildo de Buenos Aires, con representaciones de los pueblos del interior, y además, con un número considerable de vecinos de la capital.

LA BANDERA NACIONAL

Hasta fines de 1811, argentinos y españoles luchaban en campos adversos al amparo de la misma bandera. Correspondió a Manuel Belgrano el honor de hacer flamear por primera vez la bandera argentina, en las barrancas de Rosario, el 27 de Febrero de 1812, con los colores que había adoptado el cuerpo de patricios durante las invasiones inglesas y que en la mañana del 25 de mayo los patriotas volvieron a emplear. El Congreso de Tucumán, en la sesión de 20 de Julio de 1816, consagró la bandera azul y blanca como el emblema de la nueva nación, cuya declaración y jura de la independencia se hiciera el 9 de Julio, y en el año 1818 el diputado por Buenos Aires, señor Chorroarín, propuso al Congreso que fuese distintivo de la bandera de guerra un Sol pintado en el centro de ella. El emblema del Sol es el representativo de los incas.

BELGRANO Y LA VICTORIA DE TUCUMAN

Después de la derrota de Huaquí (20 de Junio de 1811), Juan Martín de Pueyrredón fue encargado por el gobierno de reorganizar el ejército del Norte que se había replegado en la provincia de Salta. El jefe de las fuerzas realistas, Goyeneche, que entraba triunfador en las provincias del Alto Perú, se decidía a invadir la provincia de Salta, poniendo al frente de un ejército de 3.000 hombres a Pío Tristán.Pueyrredón bajó hasta Tucumán, y en el punto denominado de Yatasto se hizo cargo del ejército patriota el general Belgrano, quien se dirigió hasta Jujuy con 1.000 hombres. El Gobierno de Buenos Aires, alarmado, ordenó al general Belgrano que emprendiese la retirada y bajase hasta Córdoba con su ejército, pero los tucumanos instaron a Belgrano para que no los abandonase, y un contingente de caballería gaucha se puso a sus órdenes.

La batalla de Tucumán, librada el 24 de Septiembre de 1812, fue dada contra las órdenes del Gobierno de Buenos Aires y por desobediencia del general Belgrano. Acentuamos esta incidencia porque la actitud de Belgrano fue salvadora para la patria.

REVOLUCION DEL 8 DE OCTUBRE

El primer triunvirato perdió pronto la confianza y apoyo popular. La noticia de la victoria de Tucumán, al llegar a Buenos Aires, contribuyó a desprestigiar más al Gobierno, que había ordenado al general Belgrano que no trabara batalla. El descontento se hizo más evidente, y el 8 de Octubre de 1812 estalló la revolución. En la mañana de ese día se presentaron en la plaza de la Victoria el regimiento de granaderos a caballo al mando de sus jefes, San Martín y Alvear, el regimiento de patricios y la artillería, e hicieron una solicitud en nombre del pueblo, en la que se pedía la renuncia de los triunviros, la designación popular de otros y la convocación inmediata de un congreso general.

De tal suerte se organizó el segundo triunvirato, integrado por Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Juan Alvarez de Jonte. Pocos días después, el 24 de Octubre, el nuevo gobierno convocó al pueblo a elecciones, que se hicieron conforme al principio del sufragio universal.

LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE DE AÑO 1813

La Asamblea de 1813 dictó numerosas leyes tendentes a asegurar la independencia. Se mandó abolir el escudo de armas de España, y la efigie de los antiguos monarcas fue borrada de la moneda, substituyéndola por el sello de las Provincias Unidas, que era un Sol y el gorro frigio orlado por el laurel. Asimismo, la Asamblea declaró día de fiesta la fecha gloriosa del 25 de Mayo, y dio carácter oficial al himno de la naciente nación, escrito por Vicente López y Planes y al que puso música el maestro catalán Blas Parera.

Pero la Asamblea de 1813 cometió el impolítico acto de rechazar la diputación oriental. Para dictar tan inusitada medida pretextó que los nombramientos no se habían hecho llenando todos los requisitos formales de la convocatoria.

VICTORIAS DE VERITO Y SAN LORENZO

A fines de 1812 el Gobierno de Buenos Aires ordenó a Manuel de Sarratea que se dirigiera contra Montevideo, que estaba gobernada por Gaspar de Vigodet, nombrado en substitución del Virrey Francisco Javier de Elío. El mando de la vanguardia fue confiado a José Rondeau, que avanzó hasta el lugar conocido con el nombre del Cerrito, comenzando el segundo sitio de Montevideo, que duró casi dos años. El 31 de Diciembre del año 1812 se libró la batalla del Cerrito, entre las fuerzas sitiadoras de Rondeau y el ejército español, a cuyo frente estaba Vigodet. La victoria se declaró a favor de los patriotas.

Montevideo estaba sitiado por el ejército de Rondeau, de modo que los españoles tenían que hacer uso del mar para abastecerse. Una expedición compuesta de once embarcaciones, que había salido de Montevideo con el propósito indicado, fue seguida paralelamente por tierra por el coronel de granaderos a caballo José de San Martín, al frente de 125 hombres de su regimiento. El 3 de Febrero de 1813, cuando los españoles desembarcaron, los granaderos, sable en mano, los persiguieron y desbarataron.

Al mismo tiempo que los granaderos a caballo obtenían el triunfo de "San Lorenzo", el general Belgrano, engrosado su ejército con nuevos elementos cruzaba la provincia de Tucumán en dirección a la de Salta, donde el general Tristán había detenido su marcha y rehecho su ejército con los refuerzos que le había enviado Goyeneche. El 20 de febrero del año 1813 se realizó la batalla de Salta. Tristán, derrotado, entregó todas las armas y, previo juramento de que él y demás prisioneros que formaban el ejército vencido jamás tomarían las armas contra los patriotas, Belgrano les concedió la libertad. El número de prisioneros fue de 3.000 hombres. Pero la generosidad de Belgrano anuló el triunfo de Salta, pues los españoles volvieron a combatir contra el ejército de Belgrano.

INVASION DEL ALTO PERU POR BELGRANO. VILCAPUGIO Y AYOHUMA

Victorioso en Salta, el general Belgrano avanzó al frente de 5.000 hombres hasta Potosí, para asegurar la preponderancia de los patriotas en las provincias del Alto Perú. El 1º de Octubre del año 1813 se trabó batalla en los campos de Vilcapugio. El ejército patriota, completamente deshecho, emprendió la retirada. Sin tiempo para rehacerse, el 26 de Noviembre chocaron nuevamente los ejércitos en la pampa de Ayohuma, donde Belgrano sufrió nuevo descalabro.

Desde entonces la frontera peruana quedó defendida por los famosos gauchos saltemos, a cuyo frente estaba el caudillo Martín Güemes.

EL DIRECTORIO

En tanto, la Asamblea constituyente votaba un proyecto de modificación del poder ejecutivo, en el sentido de constituirlo con una sola persona, con la denominación de Director Supremo de las Provincias Unidas. El director debía gobernar dos años y asesorarse con un Consejo de Estado compuesto de nueve miembros. La Asamblea nombró director supremo a Gervasio Antonio Posadas, quien asumió el mando el día 31 de enero de 1814, designando como ministros: de Gobierno, a Nicolás Herrera; de Guerra, a Francisco Javier Viana, y de Hacienda, a Juan Larrea.

Fue la principal preocupación del director Posadas terminar con la situación de Montevideo. Los españoles de Montevideo tenían abierta la puerta por mar. Posadas comprendió que era necesario armar una escuadra con el fin de bloquear el puerto y entonces rendir la plaza. El ministro Larrea se encargó de la formación de la escuadra, adquiriendo algunos buques mercantes que puso bajo las órdenes del marino irlandés Guillermo Brown.

Artigas, jefe de los orientales, abandonó el ejército sitiador porque la Asamblea de Buenos Aires de 1813 había rechazado la diputación oriental. El director Posadas, irritado por ello, dio un decreto por el que se declaraba a José Artigas infame, privado de sus empleos, fuera de la ley y enemigo de la patria. Tal exceso no hizo sino abrir un abismo entre el Gobierno de Buenos Aires y Artigas, quien sublevó los pueblos radicados en la Banda Oriental, Entre Ríos y Corrientes. La escuadra argentina procedió, entre tanto, al bloqueo del puerto de Montevideo. Como consecuencia, se firmó una capitulación estipulando que la plaza pasaría a poder de los patriotas.

El triunfo del ejército y de la escuadra patriotas en Montevideo puso término a la dominación española en la vecina orilla del Plata. Alvear fue designado jefe del ejército del Norte, que estaba al mando de Rondeau; pero los jefes y oficiales del mismo se sublevaron. Posadas se sintió vacilante y presentó su renuncia a la Asamblea, que le fue aceptada, nombrándose para reemplazarle a Alvear.

Los actos principales del directorio de este patriota fueron promover una avenencia pacífica con Artigas y enviar a Manuel J. García para que negociase con lord Strangford, en Río de Janeiro, el protectorado del gobierno inglés. Pero Alvear no contaba con apoyo en la opinión pública.

El 15 de abril de 1815 se sublevó en Fontezuelas el ejército enviado contra Artigas, que con el título de "Jefe de los orientales y protector de los pueblos libres" se había apoderado de Entre Ríos y Corrientes. Esa revolución, que provocó la caída del director Alvear y la disolución de la Asamblea, tenía carácter nacional. El cabildo asumió el mando y creó la Junta de Observación, nombrada por el pueblo, con encargo de dictar la Constitución, pero en lugar de ésta dictó un "estatuto provisional" que reglamentaba las atribuciones del director, cargo que ocupó el general Rondeau, y en su ausencia, el coronel Álvarez Thomas, jefe de la sublevación, que, al fin, fue derribado por un motín militar.

SIPE-SIPE

El Director Rondeau había tomado el mando del ejército y abrió la campaña avanzando hasta Potosí. En Sipe-Sipe fue vencido. A raíz del desastre, los españoles quedaron dueños del Alto Perú, desde donde amenazaban invadir las provincias argentinas, pero Martín Guemes movilizó a los "gauchos" e hizo la guerra de "partidas" que paralizó la invasión española y permitió que el General San Martín se dedicase en Mendoza a movilizar y restablecer la disciplina en el ejército, con objeto de atravesar la cordillera y libertar a Chile.

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